¿PELIGRA NUESTRA DEMOCRACIA? – Ing. David Czarny

La democracia no es solo el voto cada dos años, sino que es un orden dinámico que debe asimilar la diversidad y multiplicidad de una sociedad con litigios permanentes, arbitrando en la compleja relación entre conflictos y consensos. Frente a la inercia triunfalista del gobierno de turno, con sus éxitos y fracasos, con la imposición automática de nuevas leyes sin debates previos; se requiere una oposición coherente y a la altura de los acontecimientos nacionales e internacionales; y en condiciones de abrir el debate que es imprescindible, de cara al futuro inmediato. Es importante que los sectores opositores a cualquier gobierno, se desliguen de los intereses de las grandes corporaciones, para no caer en el vaciamiento de la política, especialmente aquellos partidos herederos de las mejores tradiciones de nuestro sistema democrático. Éstos tienen la obligación por su compromiso con la democracia, de construir una propuesta política, válida y confiable, que sea una verdadera alternativa de poder, dentro de las reglas constitucionales y republicanas que deben defender, para motivar a los ciudadanos en este nuevo despertar del entusiasmo social.

El Gobierno está obligado a la planificación de las diversas Políticas de Estado. Por ejemplo en transportes, con sus grandes falencias para las cargas ferroviarias que agravan a todas las rutas del país con el exceso de camiones, accidentes, encarecimientos de costos, etc., que atentan contra la vida de los ciudadanos y contra la productividad. Lo mismo para otras áreas de la vida nacional, especialmente en estos tiempos de gran demanda de nuestros productos que trajeron un fuerte crecimiento de ingresos fiscales; lo que tiene que ser la gran oportunidad para un verdadero desarrollo con equidad, y reconstruir el tejido social profundamente dañado. Por la otra parte, existen grandes intereses con ambición de poder, desde distintos estratos de la sociedad, tanto desde la derecha, el centro o la izquierda; que pretenden reducir la compleja trama de la realidad, lo que les impide reconocer los matices, los componentes de los problemas, etc.; y los confunden en su alocada carrera para la toma del poder

El reclamo por la inflación, nunca es neutral ni inocente, y responde al conflicto que atraviesa a la sociedad, que tiene que ver con distribución de los ingresos y la renta. El poder concentrado de las corporaciones empresarias y mediáticas, asociadas a ciertos políticos oportunistas, que acostumbraban a golpear los portones de los cuarteles; utilizan la inflación para atentar contra los procesos democráticos, que apuntan hacia la igualdad de oportunidades para todos. Además de que fijan los precios y se benefician con la especulación, consiguen volcar el odio contra la política en general; aprovechando que el Gobierno adolece de una verdadera Política de Estado para una economía sustentable en el mediano y corto plazo; que exige controles y auditorías serias respecto a la emisión monetaria, déficit fiscales, subsidios indiscriminados, etc., etc. Nosotros sufrimos la grave experiencia de las hiperinflaciones, que nos dejaron marcas imborrables en toda la sociedad y en el inconsciente colectivo, porque destruyó la lucha por los derechos sociales hacia la igualdad y la movilidad social. Todo se escandaliza cuando estalla la economía y los precios entran en una carrera loca hacia el abismo, se quiebra la convivencia ciudadana que hace peligrar la política democrática, tan descalificada. Emergen los reclamos de orden y ajustes económicos frente a una sociedad aterrorizada y amenazada en su vida cotidiana hasta convertirla en una guerra de todos contra todos.

En la politización de la economía está la clave de la profundización de un proyecto serio y más igualitario. Pero lamentablemente, todos preferimos mirar hacia un costado, como si fueran ajenos los verdaderos problemas que afectan a las grandes mayorías de la población. La pérdida de las ideologías que sobrevino después de la caída del muro de Berlín, en diferentes sociedades occidentales orientadas hacia el neoliberalismo, trajo la anulación de los grandes debates, y de las mesas de reflexión. Por eso se reclama un debate profundo que no eluda las contradicciones, las debilidades, las fortalezas, con un sincero reconocimiento de los logros, pero con propuestas y estrategias para solucionar lo mucho que falta por hacer, en educación, en salud pública, en seguridad, en justicia, en cambios culturales, y en todo lo necesario para disminuir la violencia tan peligrosa en toda la sociedad.

La inseguridad instaló el miedo alimentado por la vinculación de la policía con la delincuencia; por el deterioro de la calidad de vida en las grandes ciudades; por los prejuicios y por la criminalización de la pobreza, por la corrupción y por la venalidad de algunos funcionarios, empresarios y sindicalistas; además de los medios de comunicación sensacionalistas que provocan el pánico en su propio beneficio. Al Gobierno le cabe la responsabilidad de introducir todos los cambios necesarios en las fuerzas de seguridad; tan sospechadas como una gigantesca fuente de corrupción y de presión política. Estas deben actuar como fuerzas disuasorias frente a las protestas sociales pero con todo el rigor frente a los delincuentes La policía, lamentablemente choca contra un gran enemigo que destruye toda la legalidad de nuestro sistema jurídico. Son profesionales que usan esos intersticios oscuros que encuentran en las leyes escritas y que desconocen el verdadero espíritu de la ley que motivó al legislador. Sus apelaciones son funcionales a los delincuentes y narcotraficantes. La policía se desenvuelve en un ámbito complejo en el que se superponen el delito con la honestidad; la fuerza represiva con su uso de acuerdo a derecho; etc. Son zonas en las que se mueven el dinero y el poder, donde penetra el veneno de la corrupción de un sistema sostenido por el ejercicio de la impunidad de un orden económico acostumbrado a los privilegios, las prebendas, las coimas y la injusticia.

Hoy aparece el narcotráfico para exacerbar los problemas estructurales de la propia policía que convive a diario, con los que pretenden corromperla hacia un callejón sin salida.
La democracia está obligada a controlar esa violencia y criminalidad. Caso contrario, si no rechaza esos núcleos de impunidad, pasa a ser cómplice de la misma. Debe supervisar con eficiencia el funcionamiento de la policía, apelando a todos los recursos necesarios para operar con inteligencia y poder efectivo. Debemos proteger a la democracia de esos peligros internos, respetando los derechos sociales y civiles, para conseguir fuerzas de seguridad: capacitadas y jerarquizadas, que nos protejan de la violencia de los delincuentes y para que no sean parte de ese peligro que se alza contra la vida de los ciudadanos, de sus familias y sus bienes. Estos deben ser los objetivos pedagógicos de las escuelas para la formación de los cuadros de seguridad.

Así, podremos impedir que el miedo nos paralice en nuestro diario vivir; aspirando a una sociedad más democrática, más participativa y mas equitativa, y así celebrar nuestros primeros 30 años de esta democracia difícilmente recuperada, dando respuestas reales del sistema democrático a las necesidades básicas de todos los ciudadanos, en educación de excelencia, salud pública de calidad, justicia igualitaria y seguridad integradora.

Rosario, Julio de 2013.

ING. DAVID CZARNY
PRESIDENTE FORO REGIONAL ROSARIO
ingdacza@edinet.net.ar